Consejos del Conejo
EL DÍA QUE ME QUITÉ EL DISFRAZ DE SUPERHEROÍNA Y EMPECÉ A SER YO EL DÍA QUE ME QUITÉ EL DISFRAZ DE SUPERHEROÍNA Y EMPECÉ A SER YO
No recuerdo el día en el que, siendo muy niña, decidí envolver mi corazón con una venda anti-Sentires, para que no viera todo el... EL DÍA QUE ME QUITÉ EL DISFRAZ DE SUPERHEROÍNA Y EMPECÉ A SER YO

No recuerdo el día en el que, siendo muy niña, decidí envolver mi corazón con una venda anti-Sentires, para que no viera todo el dolor y sufrimiento que flotaba a mi alrededor y que era incapaz de digerir. Me fue bien para sobrevivir durante unos años, hasta olvidar que la llevaba puesta, hasta olvidar quitármela, hasta olvidar quién era. Y, sin darme cuenta, empecé, muy lentamente, a morir.

Me acostumbré a no tenerme, a no saberme, a no jugarme, a no contarme, a no abrazarme, a no besarme, a no rozarme, a no sentirme, a no amarme, a no Ser-me. Me acostumbré a caminar a oscuras por la tempestad creyéndome invencible, invulnerable, imbatible, cuando lo único en lo que me había convertido era en una auténtica intocable, impenetrable e insensible máquina humana.

Quise ser la superheroína de los cómics en los que me refugiaba, ésa que jamás cesa de luchar, que no se permite caer, que aguanta lo inaguantable, la que nunca llora, la gran salvadora, la que “tiene que” resistir, la que duerme con su capa mágica, la que amanece con la espada, la defensora de los débiles, la feroz loba que protege a su manada, la dragona que quema la hipocresía, la balanza que sentencia las injusticias.. Quise ser una superheroína con una gran corazón.de Hojalata.

Hasta que todos los latidos de vida que se habían ido acumulando en mi interior empezaron a manifestarse. Hasta que todas las lágrimas que había encarcelado empezaron a asfixiarme. Hasta que todos los abrazos que había rechazado empezaron a estrujarme. Hasta que el disfraz que me cubría no pudo sostenerse más en pie y se fue volando a otra guarida.

Y me quedé desnuda con mi soledad, con mis falsas apariencias, con mis miedos, con mis películas, con mis inseguridades y mis fantasías de valentía. Y sin poder hacer nada por huir, me miré al espejo y me rendí ante Mí. Limpié todas las heridas que se derramaron en ese instante, desarmé una a una cada mentira que me desvestía, cambié la piel anestesiada por una repleta de caricias, la mirada vacía por una de recién nacida, la voz de la ignorancia por la de la consciencia y las vendas que me tapaban por espontáneas transparencias.

Y poco a poco, mi corazón volvió a reír, a cantar, a bailar, a jugar, a saltar, a vibrar, a disfrutar, a gozar, a enfadarse, a llorarse, a entristecerse, a alegrarse, a emocionarse, a escaparse, a perderse, a encontrarse, a vencerse, a empatarse, a correrse, a gritarse, a silenciarse, a joderse, a infartarse, a resucitarse, a Vivir-se, a Sentir-se y, de nuevo, a enAMORarse.

Desde entonces, no he vuelto a soñar, a querer ser una súperheroína ni una súper-mujer ni una todo-terreno ni una depredadora ni una princesa ni la mejor versión de mí misma ni la perfecta ni la excelencia ni la eminencia ni la sublime ni el todo ni la nada ni la siempre ni la nunca ni la más ni la menos ni la “de aquí hasta la tumba”.

Desde entonces, sólo deseo ser yo misma, con mis subidas y mis bajadas, con mis líneas rectas y mis desvíos, con mis salidas de tono y mis afinaciones, con mis encantadoras rarezas y particularidades, con mis fortalezas y mis debilidades, con mis luces, mis sombras y mis cobardías, con mis arrugas, con mis canas y con mis curvas, con mis intentos y mis frustraciones, con mis buenos o malos humores, con mis dientes amontonados, mis estrías, mi celulitis, mis flaquezas y mis perezas, con mis cicatrices bien marcadas, con mis tics y con mis tacs, con mis uñas sin pintar, con mis pelos de recién levantada, con mis eructos y mis ventosidades, con mis pajas mentales o no mentales, con mis dejes y mis tomos, con mis agobios, mis acojones y mis sofocos, con mis “porque no me da la gana” y mis “a la mierda”, con mis “no puedo” y mis “no quiero”, con mis parones y mis acelerones, con mis osadías y mis temores, con mis “a quién no le guste que no mire”, mis semillas bien sembradas y mis “me planto, hasta aquí he llegado”.

Sólo YO, conmigo, sin ningún personaje más. Y punto. Porque no quiero volver a olvidarme de Sentir, porque no quiero volver a dejarme de AMAR.

-Emma Vázquez-

Aleja Editora