MORIR DE AMOR

Una de las criaturas marinas más fascinantes del mundo es el hipocampo conocido también como caballito de mar. Estos animales tienen un aspecto muy singular y resultan curiosos para las personas, ya que sus caras tiene un gran parecido a la de los caballos, de ahí proviene el nombre con el que se les conoce popularmente.

Los caballitos de mar son una de esas especies que eligen a una sola pareja para compartir toda su vida, una vez que su pareja muere el otro muere también al poco tiempo, no pueden vivir el uno sin el otro.

Son animales que en el aspecto reproductivo mantienen una relación monógama muy estrecha, llena de un contacto físico repleto de auténticas caricias y abrazos. Su delicado baile sincronizado puede durar hasta 8 horas diarias y según los científicos sirve para que la pareja ensaye la fase posterior a la concepción, es decir la llegada de la descendencia. Los caballitos de mar cambian de color mientras se mueven, a veces con las colas enlazadas.

“Cada mañana, los hipocampos macho y hembra se reúnen repetidas veces para bailar”, y así refuerzan sus lazos de pareja, explica Amanda Vincent, bióloga marina de la Universidad de Columbia Británica.

La reproducción de los caballitos de mar es una de las más peculiares del reino animal. Ellos buscan una pareja para aparearse durante toda su vida. El ritual de apareamiento comienza con el cortejo. El macho inicia una danza alrededor de la hembra produciendo chasquidos con el cráneo. Cambian de color. La pareja se oculta entre los corales, esponjas o algas y ambos se sujetan con la cola. Luego se aventuran a flotar con las colas entrelazadas por el fondo de mar.

Después, la hembra estira el cuerpo apuntando con la cola hacia abajo y la nariz hacia la superficie. En ese momento, el macho retrae la cola y comienza a succionar y bombear agua por la bolsa del vientre. Después, el macho estira el cuerpo y une su vientre al de la hembra.

La hembra transfiere sus óvulos con forma de pera a la bolsa incubadora del macho. Esta estructura tiene paredes que proporcionan un área de superficie máxima, de manera que cada embrión puede incrustarse en el tejido blando.

La mañana después del inicio del embarazo del macho, la pareja se reúne y realiza los primeros pasos de su ritual de apareamiento. Cambian de color, danzan y entrelazan las colas. Después de este saludo matutino, la hembra deja al macho durante el resto del día y regresa a la mañana siguiente para repetir el ritual.

Poco después que el macho pare sus crías, diminutas y completamente independientes, la hembra “ya tiene huevos listos para entregar”, y la pareja vuelve a aparearse de inmediato.

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