VIVIR EL PRESENTE ES CONQUISTAR LA ETERNIDAD VIVIR EL PRESENTE ES CONQUISTAR LA ETERNIDAD
Vivir el presente es conquistar la eternidad y es así como se encara la vida, aunque eso signifique que previamente sea necesario enfrentarse a... VIVIR EL PRESENTE ES CONQUISTAR LA ETERNIDAD

La enfermedad aparece en nuestras vidas sin rubor. Nuestra primera reacción es caer en un pozo oscuro, porque solo somos capaces de ver lo que perdemos. No obstante, es preciso emprender el camino contrario y aprovechar el momento presente. Ante la enfermedad, empieza una nueva vida. Anji Carmelo es doctora en metafísica y autora del libro “Enfermedad y vida. Una nueva oportunidad”. Para Carmelo, la enfermedad tiene que entenderse como una oportunidad más para la vida. “Al reconocer la enfermedad, empieza un tiempo de fortaleza y renovación”, afirma la doctora. Una enfermedad supone un duelo de caos, desasosiego y mucho dolor, pero, aún así, podemos seguir haciendo nuestra vida y no hay que sentirse víctima, sino como “regentes de nuestras vidas”, asegura la experta.

Sanarse por dentro, vivir por fuera

Al escuchar el diagnóstico, al paciente se le cae el mundo encima. Piensa “¿por qué yo?” Algunos se sienten abatidos, destrozados y perdidos. Otros se arman de valor e intentan vivir lo mejor posible.”Sanar no es lo mismo que curar”. Mientras que curar se refiere a “la desaparición de los síntomas físicos”, sanar significa que “dejamos de vivirnos como víctimas y empezamos a comportarnos como regentes de nuestras vidas”. A pesar de no poder escoger qué vamos a vivir, sí que podemos decidir cómo vivirlo. Vivir el presente es conquistar la eternidad y es así como se encara la nueva vida, aunque eso signifique que, previamente, sea necesario enfrentarse a lo perdido.

La necesidad del duelo

La gran importancia de hacer el duelo bien es poder celebrar la vida después. No se consigue nada con negar la evidencia de la enfermedad. “Hay que aceptarlo, aunque eso implique perder lo que teníamos antes: amistades, carácter personal, movilidad”, reseña. A veces, queremos ser lo de antes pero esto es imposible. El duelo empieza por la persona que éramos. “Hay que permitirse el enfado y la furia porque es cierto que la vida nos ha jugado una mala pasada, pero, a partir de aquí, empieza una nueva oportunidad”, asegura la doctora. Una vez aceptado, todo lo nuevo supera la pérdida.

Si negamos, damos la espalda a la facultad de superarnos, que es precisamente lo que tenemos que poner en práctica.

Dolor y sufrimiento
“El dolor es la materia prima del duelo”.  El dolor es parte de la vida. El ser humano es doliente de por sí, a pesar de todo lo que hacemos para alejarnos. El dolor nos acompaña siempre. Lo que cambia es la manera de superarlo de cada uno. Tenemos que evitar que el dolor se apodere de nosotros porque, cuando se instala, es cuando empieza el sufrimiento. El sufrimiento no es nada más que un exceso de dolor que paraliza todas nuestras capacidades. “Si salimos del sufrimiento, el dolor es mucho menos grave”. Para combatir el sufrimiento, hay que reconocer y comprender el “para qué” de lo que está pasando. Entonces, adoptaremos una actitud que no nos haga daño.

La culpabilidad

La sensación de impotencia y rabia nos sobrepasa y entonces solo intentamos encontrar culpables a lo que no está ocurriendo. La culpa más dañina es “cuando empezamos a culpabilizarnos”. Para la autora, no es normal que esta sensación de culpa nos haga más duros y más exigentes.Con ello solo conseguimos restarnos autoestima, lo que juega a favor del dolor. “La culpa real está en nuestra incapacidad de mirarnos al espejo y reconocer a dónde podemos llegar”.

Tenemos que “perdonarnos” porque este es el paso previo hacia el perdón a los demás. Perdonar significa destinar la energía que produce el dolor a vivir con más ansias para transformar este sufrimiento en felicidad. “Para sobrevivir necesitamos muchos días perfectos”, apunta en su libro. Es preciso averiguar qué y quién nos hace más felices para conseguir que todo funcione de maravilla.

Así se sana y, a la larga, se crea bienestar emocional, mental y físico y se crea un bienestar no sólo personal, sino colectivo con las personas que nos rodean.

Influencias externas

La visión negativa de toda enfermedad puede venirnos por tradición o por cultura. La religión cristiana, por ejemplo, ha tendido a mitificar la condición de sano, con lo que la enfermedad se ha considerado siempre un factor muy negativo. No es que no lo sea, simplemente es que esta visión empeora la manera de enfrentarla. Así, la aceptación y la superación cuestan de implantar. También la publicidad, el elevado precio de la sanidad, que hace que en ningún caso deseemos tener que pasar por una situación así, o determinados pensamientos, tiende a agudizar este punto de vista pesimista.

La enfermedad debe entenderse como una nueva oportunidad para la vida, con todo lo que esto supone y que anteriormente ya hemos ido desarrollando. Cuando alcanzamos el punto de aceptación, nos damos cuenta de que la enfermedad forma parte de la vida.

Dúnia Riera

Aleja Editora

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