EL UNIVERSO COMO UNA ENTIDAD RÍTMICA

por | Espiritualidad

Quizás nadie, al menos no en Occidente, entendió de manera tan integral la noción de que todas las cosas se mueven a un cierto ritmo y que la realidad en su constitución básica es número y vibración como Pitágoras. En su libro sobre el sabio de Samos, José Vasconcelos nos dice que la escuela pitagórica recordaba a su maestro con este juramento: “Juro por quien reveló a los hombres la tetrarquía sagrada [el tetraktys], la causa y la raíz del fluir perpetuo de la naturaleza”. Es decir, del patrón numérico se produce el movimiento y el orden del cosmos en correspondencia armónica. El principio creativo se imprime en la masa informe o en el espacio a través del número, el cual es garante y depósito inextinguible de su arquetipo. Vasconcelos añade que “el universo entero” es “la obra multiforme de la energía”, una energía que por supuesto oscila conforme a un patrón matemático y que quizás la mejor forma de visualizarla es como una onda. Aprendemos de Pitágoras que:

El universo infinito está compuesto de partes que se mueven según ritmos uniformes. Cada cuerpo, al vibrar en el espacio, emite un sonido, más o menos agudo, según las velocidades que lleva; la ley del movimiento en el cosmos es la misma que la de los sonidos en la escala musical. En el cielo, los astros son como notas de la octava; al girar en sus órbitas, producen un agrandado concierto.

Esto a algunos les podría parecer una interpretación demasiado holgada de los principios de la física, pero recordemos que Kepler descubrió las órbitas elípticas de los planetas justamente basándose en el concepto de la armonía de las esferas de Pitágoras. Platón, el más ilustre de los pitagóricos, nos dice en el mito de Er al final de La República que el cosmos está sujeto por la ley de la Necesidad, la diosa Ananké, a quien incluso los dioses se someten y quien teje con su huso la espira de las ocho esferas (los siete planetas y las estrellas fijas), las cuales hacen del destino una armonía:

En el centro de la luz vieron los extremos de las cadenas, extendidos desde el cielo; pues la luz era el cinturón del cielo, algo así como las sogas de las trirremes, y de este modo sujetaba la bóveda en rotación. Desde los extremos se extendía el huso de la Necesidad, a través de la cual giraban las esferas, […]. Y había tres mujeres sentadas en círculo a intervalos iguales, cada una en su trono; eran las Parcas, hijas de la Necesidad, vestidas de blanco y con guirnaldas en la cabeza, a saber, Láquesis, Cloto y Atropo, y cantaban en armonía con las sirenas: Láquesis las cosas pasadas, Cloto las presentes y Atropo las futuras.

Platón, en el Timeo, nos dice que el alma humana es una fórmula matemática que refleja el mismo patrón que los astros y que todas las cosas están hechas de formas geométricas. Podemos entender el alma como un ritmo y la salud en su aspecto psicoespiritual como una armonía, una concordia entre nuestros actos y pensamientos y las leyes de la naturaleza. Nos dice el filósofo Manly P. Hall, a partir de sus lecturas de la medicina de Paracelso, que la enfermedad no es más que una falta de ritmo o rima con el flujo de la naturaleza, una desobediencia de la ley eterna de la cual el cosmos no es más que la aplicación visible. Hall sugiere que podemos utilizar las artes para entrar en ritmo con el cosmos y establecer un estado de salud integral:

La pintura al expresar las realidades cósmicas en color, proporción y dinámica, lleva un ministerio de exactitud matemática a nuestra alma… la gran música nos eleva a los principios armónicos que gobiernan todas las cosas.

La terapia exacta de la poesía yace en la combinación de la métrica y del significado; hay un significado peculiar a la métrica y una métrica peculiar al significado. Cuando éstos se unen se produce un efecto terapéutico, un mensaje mental emocional y psíquico… el resultado total de esto es la experiencia inmediata del estímulo de los valores de la conciencia.

Esta medicina artística parece operar a través de un efecto de retroalimentación de los ritmos naturales del alma humana que encuentra en la experiencia estética un liberador espejo. Así tenemos que los pitagóricos desarrollaron una medicina basada en el ritmo. Nos dice Jámblico en su biografía de Pitágoras:

Concibiendo que la primera atención que debía ser brindada a los hombres, es aquella que ocurre a través de los sentidos; como cuando uno percibe figuras y formas bellas, o escucha melodías y ritmos bellos, [Pitágoras] estableció que el primer conocimiento es aquel que subsiste a través de la música, y también a través de ciertos ritmos y melodías, con los que los remedios de varias conductas y pasiones humanas se obtienen, en conjunto con aquellas armonías de las facultades del alma que ya poseían.

El médico, sacerdote y astrólogo Marsilio Ficino, el gran traductor de Platón en el Renacimiento, continuó la terapia musical pitagórica y concluyó que la música era de hecho un nutrimento esencial para el alma, de la misma forma que la comida lo es para el cuerpo. Ficino, en su sistema de correspondencias, estableció que todos los sonidos, colores o tonos tienen una cierta ascendencia y pueden utilizarse para tratar males particulares: una música solar o jovial puede tratar la depresión, por ejemplo, pero también una imagen o un olor pueden hacerlo, por el mecanismo unitario de este ritmo o tono que produce un mismo efecto por diferentes medios y lleva al alma a una armonía. Así un girasol no es más que la vibración del Sol coagulado, en la forma, el color y en la esencia de una flor está el “espíritu” de la estrella.

-Alejandro Mar G.-

Aleja

Aleja

"El trabajo sobre sí mismo está en no mirar, ni juzgar a los demás, sino comprender que todo lo que está a mí alrededor, está en mi interior".

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