NO OCULTES TUS HERIDAS, ERES DIGNO DE AMOR

NO OCULTES TUS HERIDAS, ERES DIGNO DE AMOR

La resistencia a aceptar apoyo de los demás es una respuesta arraigada en el trauma. El mantra «No necesito a nadie, lo haré todo por mí mismo» se convierte en una táctica instintiva de supervivencia. Fue una muralla necesaria para resguardar el corazón de experiencias pasadas de abuso, negligencia, traición y desilusión por aquellos que, por elección o incapacidad, no estuvieron presentes.

Ya sea por padres ausentes o sacrificados en múltiples trabajos, amantes que brindaron intimidad pero no un refugio emocional, o relaciones familiares y amistades que siempre tomaron más de lo que ofrecieron, cada situación forjó una independencia extrema. La desconfianza en otros y en la capacidad de elegir personas confiables se convierte en un escudo protector.

A pesar de mostrar con orgullo esta independencia, es importante reconocer que detrás de la fachada hay un corazón marcado por cicatrices y resguardado tras una pared infranqueable de ladrillos. Aunque esta barrera protege contra daños, también impide la entrada del amor. Las fortalezas y armaduras, creadas como respuesta al trauma, sirven como defensa, pero también mantienen al amor a raya.

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La buena noticia radica en que el dolor reconocido es un dolor que se puede sanar. Cada uno de nosotros es digno de apoyo, de asociaciones auténticas, de amor y de tener nuestro corazón sostenido por alguien. La independencia extrema, originada como escudo contra el desamor, puede transformarse. Todos merecemos ser amados, apreciados y recibir sin tener que ganarnos, demostrar, negociar o rogar. Somos dignos y valiosos simplemente por existir.

En este viaje de autodescubrimiento, es crucial reconocer que la independencia extrema, forjada como respuesta al dolor, se convierte en una barrera que protege, pero también aísla. Es un recordatorio constante de las heridas que llevamos. Sin embargo, la fortaleza que construimos no debe convertirse en una prisión. La muralla, impenetrable para el daño, también impide la entrada del amor. Es hora de considerar que, aunque las cicatrices existan, merecemos recibir apoyo, amor y ser valorados.

La independencia extrema, nacida del trauma, es un mecanismo de supervivencia que ya no sirve. Reconocer el dolor y las heridas es el primer paso hacia la curación. La promesa de «nunca más» puede transformarse en una nueva promesa: la promesa de permitir que el amor y el apoyo entren, reconociendo nuestra dignidad innata.

Todos merecemos una verdadera conexión y no hay necesidad de demostrar ni negociar por nuestra valía. La verdadera fortaleza radica en permitirnos ser vulnerables y recibir, recordándonos a nosotros mismos que somos dignos simplemente por existir.

«Aprender a recibir es reconocer la generosidad del Universo a tu alrededor».

Por Aleja Bama

Acerca de Aleja

"El trabajo sobre sí mismo está en no mirar, ni juzgar a los demás, sino comprender que todo lo que está a mí alrededor, está en mi interior".

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