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LA IMPORTANCIA DE NO ACOSTUMBRARSE A NADA

El cambio no es solo un hecho de la vida que tenemos que aceptar, y con el cual tenemos que trabajar. Sentir el dolor de la impermanencia y la pérdida puede ser un recordatorio profundamente hermoso de lo que significa existir.

Uno de los conceptos más importantes en el budismo es la impermanencia o Anitya que puede ser traducido como transitoriedad, no-permanencia o cambio. Todo lo que existe es impermanente; nada dura. Esto quiere decir que todo tiene un comienzo y un fin, todo está en continuo cambio, nada es para siempre, ni aquellas cosas que nos van bien en la vida ni las que nos van mal, y finalmente, todo pasa.

No hay un solo momento igual a otro porque todo está evolucionando constantemente. Eso significa que la gente también va a cambiar. Tú también vas a cambiar, te guste o no. En realidad, ya lo estás haciendo, ahora mismo. A la luz de esta visión, la vida es como un río: un flujo constante e imparable, en un cambio perenne.

La metáfora del río: la vida está en constante evolución

La vida es un río. Fluye en un camino, hacia adelante, y no hay manera de hacer que su agua fluya hacia atrás. El río es el símbolo del cambio constante, porque nunca permanece igual. Cada momento, es diferente. El río no se puede detener, hagas lo que hagas, seguirá fluyendo. Si crees que puedes detenerlo, te estás engañando a ti mismo.

En Occidente es muy difícil aceptar esta realidad. Tal vez porque desde pequeños somos educados al apego (a las cosas, a las personas, a las creencias, a los hábitos), tal vez porque somos las personas más ligadas al consumismo y a la materia, y por lo tanto a la posesión, pero una cosa es cierta: la gente está tratando desesperadamente de oponerse al cambio.

Tienen un miedo visceral. Ya sea un pequeño cambio como una rutina que se interrumpe repentinamente o un gran cambio de trabajo, la primera reacción es siempre resistir. Esta actitud se considera «ser una roca». Se refiere al hecho de que, en lugar de ir con el flujo del río de la vida, intentas ir contra él.

Si intentas parar, no cambias. Esta resistencia es inútil, porque al final la vida será más fuerte y te arrastrará de todos modos. Piensa en todos aquellos que no aceptan la muerte: ¿Cuántos de ellos consiguen evitarla al final?

Desde esta perspectiva de la Impermanencia el Budismo nos habla de cómo soltar estos apegos que tenemos a que las cosas no cambien, y como el aferrarse al no-cambio es el origen de muchos de nuestros sufrimientos.

La impermanencia no es solo una pérdida; también es cambio, y el cambio puede ser refrescante y renovador. De hecho, el cambio siempre es ambos, bueno y malo, debido a que el cambio, incluso cuando es refrescante, siempre implica una pérdida. Nada nuevo aparece a menos que algo viejo cese.

Ser consciente de que nada es para siempre tiene sus beneficios ya que podemos poner en valor todo lo bueno que está sucediendo en la vida: apreciar a las personas que nos rodean, valorar el trabajo que tenemos, disfrutar de los momentos.

Aceptar que las cosas son así, no todo está bajo nuestro control. La vida fluye y nada prevalece. Todo está en constante cambio y yo debo aprender a aceptar y dejar de intentar cambiarlo todo y de controlarlo todo. Muchas veces las cosas son como son, por su orden natural y yo solo debo sentarme y mirar. Debemos aprender a hacer más de observadores que de jueces. No juzgar tanto a las personas o a las cosas y entender que son como son, ni mejor ni peor, simplemente son.

“Si vivo en el presente y lo acepto, sin juzgarlo, lograré vivir en paz”.

Acerca de Aleja

"El trabajo sobre sí mismo está en no mirar, ni juzgar a los demás, sino comprender que todo lo que está a mí alrededor, está en mi interior".